Una cosa es que haya casos esporádicos que incumplan las normas de una institución y otra cosa es que desde los poderes públicos se promulguen normas que sean objetivamente malas.

Es decir, una cosa es que, por ejemplo, en un ejército haya soldados que maltraten a la población civil en contra de las normas de ese mismo ejército y otra cosa es que en una banda armada se exija que sus soldados, por norma, maltraten a la población civil.

Y todo esto no tiene nada que ver con las declaraciones de un obispo sacadas fuera de contexto.