Si fuera verdad que los tres le habían visto, Zougam tendría que haberse subido con su artefacto explosivo al tren de Santa Eugenia en la estación de Torrejón de Ardoz cuando quedaban sólo quince minutos para que la bomba estallara, momento en que le ve el primero de los testigos.
Luego, habría tenido que recorrer el tren hasta el vagón 6, siendo visto por las otras dos rumanas. Posteriormente, tendría que haber vuelto sobre sus pasos hasta el vagón 4 sin que le vieran de nuevo, y tendría que haber depositado su artefacto en ese vagón 4 cuando sólo quedaban cinco minutos para que estallara, antes de bajarse en la estación de Vicálvaro. Nadie colocaría una bomba temporizada con un margen de tiempo tan pequeño para la huida.
Por último, los datos telefónicos
demuestran que Zougam estaba en su casa a las 11:26 de la mañana, como él mismo sostiene. En teoría, podría haberse levantado pronto, haber puesto su bomba en el tren de Santa Eugenia y haber vuelto a su casa para hacer esa llamada, antes de irse a trabajar. Pero ese relato tampoco tiene sentido: ¿para qué iba a volver desde la estación de tren a su casa, arriesgándose a que algún vecino le viera regresando a esas horas, en lugar de esperar en algún lugar discreto e irse directamente al trabajo?