En la oscarizada Million Dollar Baby, Morgan Freeman profundiza en el alma humana para relatar que “la magia de librar batallas más allá de lo humanamente soportable se basa en lo mágico que resulta arriesgarlo todo por un sueño que nadie más alcanza a ver excepto tú”. El Atlético de Simeone, retroceder nunca y rendirse jamás, sigue librando batallas en pos de un sueño que todos le niegan y él persigue. En la previa, el equipo médico habitual: Real Madrid TV emitiendo en abierto, sin disimulo, con todos los canales nacionales impulsando la remontada de su equipo, porque el Atlético, ya saben, es un club extranjero. Por si la concurrencia de fuerzas vivas no fuese suficiente, un diario que dice respetar al Atlético, decidió acudir al más allá y representarlo en su portada, invocando al espíritu de Juanito con una ouija. Entre torrezno y torrezno, ozorismo en estado puro. [Alguien, con un mínimo de decencia y decoro, debería convocar una sesión de espiritismo para invocar a lo que queda del periodismo, si es que todavía queda algo porque, visto lo visto, lleva años muerto. Periodismo ¿estás ahí?]. Remontada frente a cholismo. El título de la película, un clásico: ‘Más dura será la caída’.

A los 53 segundos, contra de manual. Con sello Luis Aragonés. Pelota al flanco, vuelo al espacio de Griezmann, piernas frescas para sonrojar a Pepe y pelota al área, en un centro con veneno que Torres, que volvió para esto, empaló a la red. Si estaba llamado a pasarse por la entrepierna el suministro de estramonio nocturno de cada noche, era él. Ira y fuego, el Madrid, fiel a su historia, a lo que exige su escudo, no se rindió. Al contrario. Atizó sin desmayo. Descargó su furia con una rabia inusitada, acosó el área colchonera y roció el arco rojiblanco con napalm. Ramos, quién sino él, cabeceó el empate. El Madrid creía y su coliseo rugía. De ahí hasta el descanso, avalancha blanca. Alud de fútbol de Isco, una decena de remates y mil centros laterales. Para todo lo demás. Godín, imperial durante toda la noche. El Atlético, encastillado en su abismo de Helm, resistía un asedio de fútbol. Haciendo del sufrimiento virtud, cual boxeador en las cuerdas, el Atlético aguantó de pie el castigo. Se tragó todas las manos del Madrid sin pestañear y alcanzó la orilla del vestuario. Cualquier otro habría acabado besando la lona. Cualquiera, menos este Atlético marmóreo.

Segundo acto. Primera pelota en juego, roba Griezmann, encuentra a Torres en el costado, el que dicen que es un paquete le rompe la cintura a Pepe, ese que ahora dicen que es el central más limpio de la Liga, y bate a Navas. Segundo puñetazo del Atlético y la barbilla del Madrid estalla en mil pedazos. El Niño, desencadenado. Griezmann perdonó la puntilla con la zaga del Madrid, temblando, y Cristiano embocó a la red el empate. Quedaba tiempo para el remonte, pero el tanque de gasolina blanco estaba en la reserva. Y Simeone, ese general acorralado que ha invertido la historia colchonera ante su vecino rico, lo sabía. Al punto que giró el partido. Fuera Torres, dentro Arda. El de Fuenlabrada se fue sabiendo que había vuelto para esto. Para destrozar al Madrid y salir del Bernabéu abucheado, que es la mejor muestra de respeto del público rival. Al tiempo, Arda neutralizó cualquier envite local. Amasó la pelota, la acarició y combinó a placer. Mario Suárez, en su mejor versión, zapó, robó y distribuyó con temple. Con la pasión turca repartiendo dosis de cloroformo, el Madrid, descreído, sin las fuerzas vivas ni las del más allá de su lado, entregó la cuchara. Y fruto de la impotencia, Isco, que en el partido de ida se quejó de que su equipo no sabía dar patadas, hizo un cursillo acelerado y pudo reventar a Gabi con una entrada criminal. Mateu le perdonó la roja. Daba igual. La eliminatoria era del Atlético. Otra vez.

El que dicen es el mejor Madrid de la historia, el que dicen es el equipo de Dios, el actual Campeón de Europa y del Mundo, el mejor club para la IFFHS, el equipo que tiene al Balón de Oro, al premio Puskas y a cinco campeones del mundo en sus filas, con 400 millones más de presupuesto que su contrario, volvió a caer ante el Atlético. Otra vez, acabó estrellado contra el muro de Simeone, ese técnico que, aunque no reciba premios individuales, es el mejor del mundo a dia de hoy. Su fórmula: morir ganando. Su equipo, que conquistó la Liga más meritoria de la década y se quedó a un paso de ser Campeón de Europa, podía haberse rajado después de esa decepción. En su lugar, se levantó de aquel mazazo, le ganó la Supercopa al Madrid, le ganó en la Liga, le ganó en la Copa y hoy apagó el fuego de su amago de remontada, arrebatándole otro título. El Cholo, como casi siempre, tenía razón. A doble partido, los suyos no le temen ni a la muerte. Siguen de pie y pelean. A falta de una cartilla con los cupones correspondientes para la famosa ouija, el final de la película fue el esperado: 'Más dura será la caída'. Con el Madrid abatido y el Atlético victorioso ante las fuerzas vivas y las ocultas, el equipo rojiblanco abrochó su pase a cuartos y volvió a escribir, a sangre y fuego, esa filosofía de vida que tanto molesta a los que ningunean sus méritos: Si se trabaja y se cree, se puede.