un post razonable, juk, mucho, que probablemente suscribiría si la sociedad de que predicas fuera otra, o aquello de qué buen vasallo si hubiere...

pero no lo es: no se puede gobernar contra los intereses y deseos de diez millones de personas como hizo el anterior presidente en su etapa final, ni como lo hace el de ahora
otra cosa es en cuánto valoramos los intereses y los deseos de esos sendos diez millones de personas: personalmente, la infección eclesiástica de unos y la marxista de los otros me repugnan, tanto más puesto que ambos se creen en posesión de la sabiduría precisa para salvar al desgraciado, al desposeído y al descarriado

o dicho de otra manera, estoy de religiones y de fanáticos de religiones hasta los mismísimos, y especialmente de aquellos que, por arrodillarse ante altares políticos, se creen a salvo de su influencia

la necesidad de las listas abiertas, de nuevos mecanismos anticorrupción o de un desmantelamiento del nefasto poder ejercido por los partidos políticos me parecen temas menores frente a la urgencia de una profunda revisión de los principios y fines democráticos, así como de la propia operatividad democrática, asunto que, a mi entender, es o debería ser uno de los principales debates intelectuales de este siglo

hablar de democracia en una sociedad profundamente inculta y embrutecida por los fanatismos de ambos sectores es como hablar del gran deporte del balompié en términos de ganar el partido como sea, a costa de lo que sea y aunque nadie tenga ni puñetera idea de para qué ha de ser lo que sea

el resto de discursos se me asemejan a la utopía de Moro: una grande y sontenida paja en un muladar, paja que recordamos hoy quizá sólo porque el onanista era íntimo de Erasmo y benefactor del Elogio de la locura

españa es un cura y un destripaterrones enfainados a hostias, lo ha sido y lo será siempre y no hay más vueltas