hago un inciso
en cuanto al asunto en sí, mutuas ofensas y demás, y en lo que me toca...
existe un método dialéctico, vulgar, insidioso y familiar, que consiste en escenas del tipo:
—colegas del foro, vistas las últimas noticias, digo yo que dos y dos son cuatro, ¿qué pensáis?
—¡pedo, capa, pis, facha, facha!
—ya, bueno, yo decía que dos y dos son cuatro, pero...
—¡facha, pedo, pis, caca, facha!
—hombre, perdona que te diga que...
—¡facha, pis, facha!
—pero, tío, córtate, joder: dos y dos, digo sólo que dos y dos...
—¡facha, facha, caca, facha!
—me cago en la puta, ¿pero tú estas tonto o qué?
—¡facha, facha, policía, que me pega, facha!
—pero chaval...
—¡ahhhhh, ahhhhh, ahhhhhh, pis, mamá, ahjhhhhh!
y así hasta el infinito; el método es bueno: juega con dos variables muy comunes entre el personal racional: su buena educación, e inherente a ésta, el horror al escándalo, a los malos modos y a las escenas desagradables, tan británico ello, o al menos, tan literariamente británico
el dialéctico insidioso no sabe nada, no piensa nada y rara vez tiene nociones sobre un tema que vayan más allá de las que dicta quien le paga, cuando le pagan, o de las que recaba en medios de una superficialidad y falta de rigor totales, pero que le permiten, cuando se trata de una personalidad a medio hacer —por ejemplo, un crío que se hace pis en los pantalones—, no ya formar parte de un grupo, sino llamar la atención en otro, de manera que se cree importante por que le responden, aunque quienes le respondan lo hagan por meras cuestiones de asombro, también de higiene, como quien ve a una rana con pelo o a un niño con los mocos colgando
el dialéctico insidioso es una creación progre, que considera que uno, por el mero hecho de estar, tiene derecho a decir lo que se le antoje y a ser tenido en cuenta, mucho más que cualquier otro, porque él, a diferencia del resto, y aunque no sepa nada de lo que dice, siente lo que dice, y el sentimiento es cosa suprema puesto que es universal: hasta el más necio tiene uno e incluso dos de ésos
el dialéctico insidioso pronto descubre que la gente se achanta bajo su gritería y su farfolla, y considera, como cualquier necio vanidoso, que es por su superioridad moral y lógica, sin pararse a pensar que quizá, sólo quizá, el personal se calla, se da la vuelta y se marcha porque escupe al pronunciar y porque adolece de una halitosis de caballo, y porque aburre
el dialéctico insidioso se produce un poco como los niños o como los nacionalistas: dame dame dame dame dame..., razona por acumulación, por repetición, por insistencia, y o bien se lleva un cachete o —tal como exigen los tiempos— se le concede lo que pide para que no se traumatice, es decir, se le da por perdido y él se cree entonces señalado con el aura de la victoria
en realidad, ésta que debatimos no deja de ser un reflejo, mínimo pero reflejo, de una sociedad acobardada y profundamente equivocada donde la superficialidad, la borrachera sostenida, el comportamiento esquizoide, la falta de motivación y esfuerzo, la negación del mérito y el comportamiento infantil logran crédito no por su valor o por su empuje, sino por nuestra desidia y abandono
personalmente, me niego a aceptar que individuos con el rigor intelectual de un perrito de lanas y la cultura de un loro importado se enseñoreen de una conversación, aunque sea la de un foro, con el único argumento de llamar facha a todo aquel que no sea de su agrado
puedo soportar y en ello me complazco —no sería la primera vez que aquí ha ocurrido— que un colega forero me ponga de vuelta y media con argumentos, elegancia, buena prosa e inteligencia; pero no toleraré un segundo que la nesciencia más absoluta obtenga el menor predicamento a base dar la paliza, eructar en público u orinarse encima
dicho de otro modo: no pienso como ellos, pero sobre todo, ni me avergüenzo ni me callo
y si eso ha de suponer mi baneo, pues bienvenido sea
propicios



LinkBack URL
About LinkBacks

Citar