La naturaleza del terror y su eficacia residen en su arbitrariedad. Si el PP estuviera combatiendo la corrupción, propia y ajena, estaría preocupado el que tuviera motivos para estarlo. Pero si delata y ataca a Aznar el mismo Montoro que ha protegido a Monedero, si suspende al granadino Torres Hurtado el mismo partido que ha readmitido a Ana Mato, si echa del Gobierno a Soria el mismo grupo que protege en el Senado a Rita Barberá, si son los funcionarios de Hacienda o los policías, en contra de la Fiscalía, los que llaman a la televisión para detener a alguien política o socialmente significativo al que sueltan pocas horas después, es evidente que lo que hay en marcha es una operación de terror fiscal y policial con objetivo político: que cualquiera del PP tenga razones para tener miedo aunque no haya hecho nada malo, ilegal o contrario a la organización a que pertenece. El terror realmente eficaz es el que no tiene justificación. Por eso seguirá.