Y para quienes no se rasquen el bolsillo, aquí ponemos integro el articulo de Juan Soto Ivars con su afilada e irónica pluma.



Patriotismo eléctrico: en España tenemos los mejores apagones del mundo

Lo mejor es que esperemos a que la versión oficial esté perfectamente delimitada y clara. Una comisión de investigación en el Congreso, o varias, podrían ir aclarando poco a poco las causas de este benéfico apagón

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Tenemos motivos para estar muy orgullosos. Nuestros apagones son la envidia del mundo entero. Otros países tienen cortes de electricidad más modestos. Afectan a unas cuantas ciudades y no tienen como causa las renovables. Nuestros apagones son, por lo tanto, los más grandes y también los más verdes.

Con el cero absoluto logramos un descenso de las emisiones de efecto invernadero que, de prolongarse en el tiempo, hubieran convertido Almería en un vergel y Murcia en una tundra repleta de humedales. No es casualidad que tras el corte de electricidad esté otra vez lloviendo con dulzura. Una primavera florida bien vale un pequeño cortecito nacional de electricidad.

Por cierto, ¡qué ciudadanía! ¡Somos los mejores! Se va la luz en todo el país y, en vez de salir a matar viejas, reventar perros o saquear comercios, la gente se pone a tomar cañas y hace chistes graciosísimos. Cualquier otra sociedad colapsaría en el caos autodestructivo y dejaría todo reducido a cenizas, pero los españoles, como siempre, dimos la talla y nos comportamos como gente normal.

Estos apagones tan nuestros, tan entrañables, ojalá se repitieran más. Aprenderíamos a vivir sin lo superfluo y nos miraríamos un poquito más a los ojos. Quedarse encerrado en un ascensor varias horas promueve la introspección, dormir en el suelo de una estación forja el carácter y quedarse a medio camino en un vagón entre Pinto y Valdemoro nos enseña a cultivar la paciencia y la templanza.

En este sentido, el apagón solo ha dejado cosas positivas. El consumo de porno en internet bajó a cero y todos los bulos de ultraderecha se interrumpieron por completo. Brilló el respeto y la democracia, pues la ciudadanía no tenía otra cosa que las fuentes oficiales para orientarse. Pegados al transistor esperábamos el consuelo de las palabras del presidente del gobierno.

Unos cuantos apagones más y no quedaría sobre la faz de España youtuber fascistoide ni influencer bulímica confundiendo a los jóvenes, ni digitales como este, con sus infame reguero eléctrico de noticias sobre el hermano de Sánchez o su mujer.

Sin embargo, ya sabemos: no todos los españoles valoran lo que tienen. Hay gente desagradecida, incapaz de sentir el patriotismo de apagón. Enganchados al cable de como los yonkis a la metadona, gruñen y maldicen porque no saben disfrutar del sol español. No se pusieron a leer un libro, no: estaban deseando que volviera la electricidad para ponerse a malmeter contra el Gobierno en redes sociales.

No se enteran de nada. No comprenden nuestra grandeza. No son constructivos. De la misma forma que nuestras cifras superlativas de muertos durante la pandemia de covid demostraron que tenemos la mejor sanidad del mundo y que la dana de Valencia demostró que tenemos la mejor red hídrica del mundo, el apagón demostró que tenemos la mejor red eléctrica del mundo.

Menos mal que tenemos Red Eléctrica Española, empresa privada a la que podemos culpar del apagón por la usura de sus accionistas y al mismo tiempo exonerar y agradecer que arreglase el problema tan rápido en tanto depende del gobierno. Si su presidenta no fuera una registradora de la propiedad y exministra de vivienda socialista, a lo mejor todavía estaríamos sin luz.

Beatriz Corredor informará puntualmente a Pedro Sánchez de todo, a medida que vaya sabiéndose poco a poco, y el presidente nos trasladará la verdad con la transparencia que le caracteriza. Entre tanto, no hagáis caso a los pseudoexpertos que dicen tener muy clara la causa. Es mejor que no vayamos tan aprisa. Es un problema complejo debido a la opacidad de las empresas privadas.

No se puede descartar el ciberataque, seguramente producto de la envidia de las potencias extranjeras por la calidad de nuestros técnicos, o incluso el sabotaje de quintacolumnistas deseosos de provocar crisis. No se puede descartar nada, pero seguramente la energía nuclear es la única responsable.

Lo mejor es que esperemos a que la versión oficial esté perfectamente delimitada y clara. Una comisión de investigación en el Congreso, o varias, podrían ir aclarando poco a poco las causas de este benéfico apagón en un plazo razonable. De esta forma, con las causas esclarecidas, podremos repetir este apagón tan beneficioso para la convivencia y la democracia las veces que sean necesarias. Y seremos felices.