Este tipo de cosas me recuerda a una broma que circulaba en mi escuela de informática, siempre que comenzaba el curso y siempre con alumnos de primero.

Estoy hablando de finales de los 80, cuando los PCs no estaban tan extendidos como ahora. En el centro de cálculo había un "miniordenador" (llamados así por aquel entonces) marca Data General, que estaba en una sala cerrada de unos 3x2 m. con aire acondicionado y humedad relativa controlada. Bien, pues disponíamos de unos terminales en los que hacíamos nuestras prácticas. El sistema operativo era Unix y permitía, entre otras cosas, enviar mensajes de un terminal a otro.

Hubo un chaval, novato, tecleando su bonito programa en COBOL. Unos alumnos de tercero le enviaron un mensaje en el que, de manera catastrofista, se le instaba a borrar pantalla y finalizar su sesión. Ni corto ni perezoso, sacó un pañuelo del bolsillo, frotando cuidadosamente la pantalla de fósforo verde. Y siguió trabajando. Eso sí, no finalizó la sesión.

No puedo ni imaginarme meter un CD o un DVD en un congelador, pero pagaría dinero por ver a alguien hacerlo.