Casi salida de las tinieblas, una película que resulta una vorágine demencial de impulsos sobre la vida de Paganini. Una de las tres escenas mas espectaculares de este film que siempre recuerdo: El maestro, se detiene ante el niño que pide en la calle tocando el violín sin mucho éxito...
Rozando lo pornográfico, una maraña de imágenes sin nexo cronológico ni argumental aparente se suceden en compañía del incesante sonido de violín que impregna todo el metraje. Y es que el único diálogo que importa, el único discurso que destaca es el emitido por el propio violín que, incansable, recorre toda la vida de Paganini hasta el mismo final. Espectacular.
Saludos