Bueno amigos, pues anoche estuve en el Real y pude ser testigo de un nuevo triunfo del maestro Gergiev. Él público le ovacionó -más aun que a los cantantes- al final de la velada.
De entrada mi primera impresión tras los primeros compases es que estaba frente a una orquesta magnífica. Desde mi localidad, perfectamente centrada y encima del Palco Real, podía apreciar la distribución de efectivos, colocados en el convencional semicirculo a pesar de la estrechez del foso. Gergiev dirigió los primeros dos actos con batuta, y los tres restantes sin ellla, como ya le vimos hacer en San Sebastián el verano pasado.
La obra vale la pena. El argumento es pro-bolchevique, pero da igual. También las óperas italianas están llenas de argumentos absurdos y nos las comemos igual ;-)
Yo diría que lo que distingue a Semyon Kotko como ópera es que la música es una protagonista más junto con los solistas. Me explico, no acompaña a los solistas, o mejor dicho, a veces les acompaña, pero a veces adquiere protgonismo absoluto. Es una partitura que combina el lenguaje operístico del siglo XX (no hay propiamente arias, por ejemplo, sino un racitativo musical continuo) con una gran accesibilidad melódica y armónica. A veces la orquesta adquiere una vistosidad impresionante, especialmente en la obertura y cierre del acto 3, donde Gergiev cosechó los mayores aplausos.
Bueno, nada más por ahora.
Un saludo



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