Una sala anecoica, un par de JBL M2, y el sistema de ecualización que los ingenieros de Yamaha llevaron a una iglesia para ecualizar el sistema de amplificación, que tenía dos computadores y unos 30 micrófonos, y software que nunca antes había visto. Se demoraron horas en instalar todo, minutos en medir, segundos en cargar los filtros al ecualizador, y desde entonces en cada rincón de la iglesia se escucha todo perfecto.