Tengo varios amig@s profesores, de diferentes etapas, de todas las edades, incluida la Universidad, y es un tema que sale recurrentemente cuando nos vemos.
Las aulas se han convertido en una extensión del patio del colegio, donde el pitorreo y compadreo es constante, tanto en la pública como en la privada.
Cuando el profesor intenta poner orden, o llamar la atención al alumno, vienen los padres a bronquear a la Dirección, y ésta bronquear al profesor.
Al final, el profesor termina pasando de todo, porque no quiere líos ni quiere apertura de expedientes y muchos de ellos están atacados de crisis de ansiedad.
Esa es la realidad de nuestros colegios y nada tiene que ver con el barrio o tipo de colegio, es general, pasa en privada, públicas y concertadas.
Y no estoy hablando de pegar al alumno o castigar de forma desproporcionada, tan solo de trazar una línea gruesa entre el alumno y el profe, y hoy día, no hay línea, es un igual de tú a tú.



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. Ambas entrevistas fueron geniales, hasta magistrales diría, eso sí, con diferentes estilos. En una se plantearon una serie de preguntas muy bien formuladas que dejaban poco margen a la evasión y la otra utilizó otro enfoque mucho más cercano a la doctrina Zen, en el se podía ver una reunión fraternal de viejos amigos envuelto en un penetrante olor a linimento, aceite e incienso, aunque por reconocer la verdad no existe nada que indagar o aclarar en una gestión del país tan sedosa y tranquila como la que estamos viviendo (padeciendo).
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