Muy buenas,

Ahora que con motivo de la apertura de la nueva sala de alta fidelidad se están rescatando hilos que llevaban algún tiempo aparcados éste me parece de lo más interesante y relevante para profundizar en la filosofía de nuestra afición.

Me lo he leido completo. Creo que el post con que lo inicia Shinjimikami plantea muy bien el asunto y luego hay varias aportaciones muy clarificadoras. Tenemos por un lado al "audiófilo" y por otro al "melómano". El primero ha sido definido como un "perfeccionista del audio" o como la persona que "busca la reproducción más fiel del sonido" según la aportación de Rsendra. Por otro lado está el melómano, sobre el que no se profundiza demasiado.

Pero entiendo que en lo esencial el debate que aquí se plantea es si para ser audiófilo basta con tener mucho dinero y también si el mundo de los audiófilos es un mundo elitista donde el valor predominante es más tienes más vales y cuyo máximo exponente es una cierta revista que no se menciona y que supongo que será Alta Fidelidad.

Este debate me parece muy interesante para nuestra nueva sala. Si bien como dice Rsendra en las definiciones de audiofilo y melomano no aparece la palabra dinero, yo me atrevería a decir que en el mundo audiófilo si lo que se busca es la reproducción más fiel del sonido ello implica que necesariamente habrá que disponer de unos recursos económicos para lograrlo. Podemos entonces entrar en la discusión de si pocos o muchos recursos, pero en todo caso no es un hobby barato. Mi equipo estéreo vale unos 4.000 € y no puede considerarse sino modesto conforme a los baremos que se manejan en el mundo de la AF.

Por otra parte, un mundo que conozco bien, que es el de los melómanos, las cosas son un poco distintas. Claramente hace falta mucho dinero para tener una butaca del Teatro Real o asistir al Festival de Salzburgo; pero el que diga que hacen falta estas cosas para ser un melomano sería visto como un snob y un frívolo. De hecho, hace unos años, cuando no tenía dinero, solía colarme en el Teatro de la Zarzuela en los ensayos generales de las óperas; y allí se daban cita los verdaderos aficionados, los que sabían más, los que vivían más las obras. Estos no pagaban un duro, y sin embargo mucha gente paga mucho dinero por una entrada de estreno por razones ajenas a la música, para lucir el mantón de Manila por ejemplo *

Concluyo diciendo que me parece un poco triste la figura del audiófilo presumido que ha gastado una pasta en el equipo y va fardando de él como si de un Ferrari se tratara, pero que muchas veces tiene una capacidad reducida para emocionarse con la música. Ha habido un debate reciente en otro foro donde estoy con respecto a la maravillosa versión de la 9a de Beethoven de la colección de El País, una grabación monoaural en vivo de 1954 con un sonido que no es malo pero con limitaciones evidentes. Pues un forero ha dicho que eso era una mierda y que el no se había gastado una pasta en su equipo para escuchar un sonido tan malo. Sin comentarios.

Saludos