Bueno, con tanto ateismo cristiano empiezo a sospechar que dentro de poco yo también voy a caer preso de esta variante del síndrome de Estocolmo que me hará añorar las misas diarias, el “Montañas Nevadas” a pleno pulmón, los ejercicios espirituales y las ostias en la cepa de la oreja. Me va a costar encontrar a alguien que haga el papel de Fray Escoba o Sor Citroen entre mis recuerdos, pero en fin, todo es ponerse.

Reconozco que tengo que luchar contra mi inclinación natural a considerar a la Iglesia como una institución que representa a los valores más retrógrados, obtusos, misóginos y excluyentes de la sociedad. Su supervivencia depende en gran medida de la inobservancia que hacen sus fieles de sus propias doctrinas, cosa que no deja de arrojar una lectura interesante.

Por cierto, me encanta la condescendencia con la que has despachado a Tierno, el gran jactancioso. Solo desde la verdadera grandeza y la acumulación ilimitada de lecturas se puede reconocer a un impostor.

Saludos