Evo Morales es el cuarto presidente de Bolivia en menos de tres años, pero el primero que logra una mayoría absoluta, y no solo le han votado los indígenas andinos, también ha recibido muchos votos entre los mestizos y las regiones prósperas del este, seguramente buscando una gobernabilidad después de tanta corrupción con los partidos tradicionales. Por tanto, tiene la fortaleza y legitimidad de la que los anteriores gobiernos no han tenido nunca.
Aunque muchas *las promesas hechas en la campaña eran bastante utópicas, tras la toma de poder está demostrando bastante más dotes diplomáticas y políticas que las que cabía esperar. Nada que ver con *Hugorila Chávez. No es ningún estúpido y por supuesto sabe que Bolivia necesita atraer nuevas inversiones, además de mantener el acuerdo preferencial de comercio con los EE.UU. y la ayuda al desarrollo. En su visita a Venezuela lanzó una serie de soflamas de retórica antiimperialista, eso sí, a cambio del petróleo y los petrodólares del camarada Chávez. Sin embargo, luego recibió al embajador estadounidense, hicieron unas declaraciones sobre las relaciones basadas en el respeto mutuo, y a continuación canceló una visita prevista a Irán, principal enemigo de los EE.UU.
Veremos como se desarrollan las cosas, de momento está siendo más cauteloso que lo cabría esperar. Probablemente los toros más bravos los tenga que lidiar dentro del país, con una realidad bastante complicada. El MAS es un batiburrillo de sindicatos, movimientos sociales, e indigenistas con intereses dispares y encima va atener que afrontar las peticiones de autonomía de las regiones “ricas” *del gas y la soja. Me refiero a ricas en parámetros bolivianos, en parámetros europeos *serían unos deshauciados.
Lo de la Ley de Hidrocarburos, y después de las declaraciones de Evo en los viajes a España y Brasil, diciendo que se respetarían los contratos existentes, parece una versión bastante dulcificada de lo que podía haber pasado. Hay que recordar que en 2004 se montó la revolución que obligó a *convocar el referéndum por el que se obligaba al gobierno a tomar el control de la industria petrolera. Este sentimiento me parece *perfectamente comprensible. Con las bolsas de pobreza que hay en Bolivia, quienes hayáis estado en los Andes y el altiplano lo sabréis bien; es el país más pobre de Sudamérica (no incluyo a Caribe ni centroamérica), y ver esos avanzados enclaves de explotación del gas, dedicado totalmente a la exportación; teniendo además el referente de que los españoles expoliaran la plata de Potosí. Si algo parecido ocurriera aquí, la revolución estaba servida a los cinco minutos. Lo mismo pasa con las plantaciones de coca. En una economía de subsistencia, lo que le importa a la gente es tener para comer, y si su único medio es plantar coca y venderla, o les ayudas de otro modo o no van a dejarlo. Ni aún así lo dejarían porque *allí la hoja de coca se usa para casi todo, mascada o *en infusión, sobre todo para matar el hambre y el mal de altura, o para los pagos a la Pacha Mama, que allí el sincretismno religioso es universal.


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