Bueno, volviendo al tema, decía Curtis:
Y digo que no concibo otro supuesto, porque me niego a aceptar el aborto como un método de planificación familiar, como un método para llevar una vida sexual a la carta, como un método de conveniencia en razón de la particularidad en el proyecto de vida de cada cual,
Es que, en el contexto que tú comentas, el aborto es la expresión inequívoca del fracaso de toda planificación familiar (si es que la hubo).
Y si a pesar de tooooodos los medios de los que disponemos, ninguno a conseguido evitar el aumento de embarazos no deseados, más bien al contrario, esa es la máxima expresión del fracaso de la educación.
Sexual sí, pero no sólo esa.
Con una excepción (notable a mi entender): que la concepción NO haya sido consentida, llámese violación, llámese "uso del matrimonio por derecho".
En ese caso, creo que es lícito, y no es un fracaso, ni lo tomaría como un hecho punible.
Entraría dentro de esas decisiones difíciles que comentaba Arguazo, que dudo mucho que se tomen a la ligera, y que no deberían criminalizarse.
Para los embarazos de alto riesgo, o aquellos con riesgo acreditado para feto y/o madre, o la certeza de malformaciones severas incompatibles con la vida, lo mismo.
No estoy a favor de ampliar los supuestos para la infinidad de situaciones menos extremas a las que comento, puesto que me parece ahondar en lo que, como explicaba arriba, veo como un fracaso.
Al contrario, preferiría que se aplicaran con más rigor los supuestos actuales, y que se borrasen del mapa muchos centros que intervienen en dudosas condiciones de legalidad, en parte amparadas por el estigma que persigue al tema. Y que por eso mismo se convierte en un negocio.
No veo los paralelismos con la eutanasia, ni con la eugenesia, o al menos no con los argumentos que aquí se han dado.
Y si llevamos las posturas a lo absoluto, a lo "coherente" por extensión a todo, vida sí, vida siempre, vida cómo sea, vida total, vida a tope... a lo mejor nos encontramos con que ni siquiera podemos gestionar a nuestro gusto la pequeña parcela que nos toca.