Su carrera deportiva está muerta desde la noche de la final cuando pudo elegir entre ir por un camino en el que posiblemente recibiera algunos palos y poco más o la cuesta abajo y sin frenos que le llevó al acantilado. Su orgullo, desfachatez y un ego enorme le inclinaron hacia el peor de los dos. Seguramente le salieron demasiados enemigos, algunos incluso oportunistas, pero él solito se cavó la tumba.