Pienso que muchas personas no tienen claro todavía el desafío que enfrentamos en estos cuatro meses de invierno que se nos han echado encima.

La epidemia está totalmente fuera de control, en muchos países de Europa, incluyendo España.

Las cifras que vemos de nuevos contagios, ocupación de los hospitales y muertes, hay que proyectarlos a las próximas semanas, donde si no se para el crecimiento exponencial de la enfermedad, enfrentaremos lo siguiente, si no se paran en seco las cadenas de transmisión:

1) colapso del sistema sanitario

2) al principio se aumentan en lo posible el número de camas, después se construyen lazaretos, se improvisan hospitales de campaña en polideportivos, ferias, .... Al final, no queda otra que elegir y muchos enfermos deben ser abandonados a su suerte. Cualquier persona mayor de 80 años, luego de 75 años, después de 70 años,... debe afrontar la COVID con analgésicos, si es lo bastante afortunada para que no se hayan agotado.

3) Los 45-50 mil muertos de la primera ola se multiplican por dos, por tres, por cuatro... Tanto por los enfermos de COVID, como por otras patologías que no se pueden atender.

4) En estas circunstancias, la economía colapsa también, y el Estado se enfrenta a conflictos en las calles como hemos visto estas noches, pero multiplicados por cien.

¿Suena a ciencia ficción, a película de desastre?. Pues no lo es, se trata simplemente de la realidad que nos espera si no hacemos nada, y dejamos al virus a su aire. Por eso, y porque las medidas que se toman siempre llegan tarde y mal, el confinamiento se va implantando en varios países de Europa, y será inevitable en España también, más pronto que tarde.

El virus es tan terrible como en Marzo, pero ahora vienen cuatro meses de frío, tal vez cinco, no nos espera la primavera, sino el invierno. Es una situación muy, muy grave.

El fracaso de nuestras autoridades sanitarias es evidente. Siempre han ido detrás del virus, siempre timoratas, siempre temiendo adoptar las medidas que eran necesarias, siempre empujados por la realidad. Lo mismo se puede decir de otros muchos países europeos, nosotros simplemente estamos entre los peores, pero no somos los únicos.

En Septiembre / Octubre era necesario haber ordenado un confinamiento duro. Algunos expertos pensaban que hubiera bastado con uno como el de Semana Santa durante nueve días, dos fines de semana y la semana laborable entre ambos. Otros que se necesitaban entre dos y cuatro semanas de algo parecido a lo que llamamos en su momento Fase 0. En su lugar, se implantaron medidas como los confinamientos, y ahora el toque de queda, que a la larga no pueden contener el virus, al no cortar las cadenas de transmisión.

Europa ha jugado a convivir con el virus, al baile y al martillo, sin atreverse después a pegar martillazos. Todavía a día de hoy, infinidad de responsables políticos y ciudadanos prefieren esconder la cabeza como avestruces, a mirar el problema de frente.

Pero la realidad es muy tozuda, y la gran mayoría acabará por despertar, como estamos viendo. Ojalá lo hubiéramos hecho antes, con menor coste en vidas, y en pérdidas económicas, pero no queda ya otro remedio y en este mes de Noviembre no se puede seguir negando la evidencia.