Reconociendo que la digitalización del voto podría representar una verdadera revolución en las elecciones democráticas de cualquier país (esas bolsas de millones de personas que no votan por una razón u otra), espero que nunca se imponga este método, los riesgos a los que nos exponemos son tremendos, tanto en seguridad e inviolabilidad del voto como en la privacidad. Aquí hay que diferenciar además dos aspectos, el del propio voto y el del procedimiento por el que el votante realiza el sufragio. Dos mundos diferentes; el de la persona que accede deliberadamente a un local en el que recoge o transporta la papeleta donde existen varios representantes que certifican la limpieza del proceso y el del ser anónimo que mediante un procedimiento informático al que de entrada nadie reconoce físicamente al votante ni sus circunstancias.
No es tanto una cuestión tecnológica como de preservar con las máximas garantías posibles la limpieza del proceso.
Saludos



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