Eso es así porque no nos damos cuenta de que cuando detectamos una nueva cepa, resulta que no es nueva, no se ha generado en el momento de descubrirla sino que ya estaba ahí, desarrollándose y esperando a que la descubriésemos. Pero una vez mas iba muy por delante de nosotros.
Cuando nos dan las cifras de contagios solo estamos viendo la punta del iceberg. Puede que ahora estemos algo mas cerca de la realidad a medida que incrementamos el número de test a la población. Pero hay multitud de contagiados asintomáticos que no han pasado por ningún establecimiento sanitario.
Hay una capa de realidad que no vemos. Basarnos solamente en las cifras puede llevarnos a conclusiones erróneas. De hecho, a comienzos de la pandemia los datos arrojaban una tasa de mortalidad en torno al 12%. Algo terrorífico basado en que se detectaban menos de un 10% de los casos reales.
Afortunadamente si la realidad es mucho mayor que las cifras, resultará que el índice de mortalidad de este virus es también mucho mas bajo que las cifras oficiales basadas solamente en lo que se detecta.
Con el tema de las cifras hay que pensar que a pesar de lo avanzado de nuestra civilización, la informática, la estadística y todo lo demás, resulta que hemos sido incapaces de asegurar la cifra real de muertos por coronavirus. Hemos tenido que acudir a ver el incremento de muertes respecto a otros años. Ni siquiera sirvió de mucho acudir a los certificados de defunción.
En fin, los datos tampoco son algo seguro si perdemos el contexto. Como dijo alguien que no recuerdo, "la estadística es el arte de engañar con precisión".



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