Vaya viaje al pasado el tuyo, con esas sesiones dobles de barrio, en las que había un intermedio para las palomitas y algún refresco. Nostalgia pura. Contribuyendo a tu hilo, en mi caso, además de los “golpes voladores”, me daban por las películas de miedo… aunque de miedo no tenían ni el nombre. De niño me creía valiente viendo cosas como El ataque de los tomates asesinos o El cerebro que no quería morir, disfrutando a lo grande sin necesidad de efectos digitales ni tramas profundas.
Saludos,