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No han pasado ni 24 h de la invasión, se habla de 40 a 50 mil, acaban de decir en TV ahora de 70 MIL personas que han invadido Ceuta.
Repito, S E T E N T A - M I L
No tienen agua, comida, servicios públicos para mear o cagar, duchas ... y no hay visos de como va a terminar esto.
Lo de nuestro Gobierno del PSOE, solo os pido que los acérrimos de P.S. que lo sigáis votando hasta que os estalle en vuestra cara.
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La pregunta es si no hicieron nada porque son así de imbeciles o,porque simplemente no pueden porque Marruecos les tiene cogidos por los huevos por lo que saben después de espiarles los teléfonos.
Informes de inteligencia alertaron al Gobierno de una crisis en Ceuta los días previos al asalto
Los servicios secretos advirtieron de un posible «golpe» de Mohamed VI coincidiendo con el día del Trono
https://theobjective.com/espana/2026...rono-marroqui/
"Las mentes brillantes discuten ideas, las mentes promedio discuten eventos, las mentes débiles discuten a las personas" (Sócrates)
Lo más coherente que he leido hasta ahora acerca de la invasión de Ceuta. Saludos.
https://theobjective.com/elsubjetivo...ulo-varsavsky/
Ceuta fue invadida. No hace falta rebajar la palabra: unas 60.000 personas cruzaron ilegalmente una frontera española, por tierra y por mar, en apenas dos días. Cuando cierro este artículo se han recuperado al menos 67 cadáveres. Más de la mitad de la población de la ciudad entró de golpe desde otro país.
Pero llamar invasión a lo ocurrido no resuelve la pregunta decisiva: ¿quién la organizó?
Mi hipótesis es que nadie la organizó de forma centralizada. No el Gobierno marroquí, no el socialismo español, no Estados Unidos ni Israel. Fue una invasión sin general: decenas de miles de decisiones individuales sincronizadas por un rumor, amplificadas por las redes sociales y alimentadas por una diferencia económica brutal entre los dos lados de la frontera.
La frontera de Ceuta nunca estuvo legalmente abierta. Bastó con que decenas de miles de jóvenes marroquíes creyeran que lo estaba.
El dato que mejor sostiene esta interpretación no es solo la velocidad con la que entraron, sino la velocidad con la que regresaron. Más de 48.000 volvieron a Marruecos en menos de dos días. Entraron convencidos de que habían encontrado una puerta hacia España y Europa; regresaron cuando descubrieron que en Ceuta los esperaban el frío, el hambre, el Ejército, la imposibilidad de viajar a la Península y la repatriación.
Una operación estatal concebida para ocupar Ceuta, desestabilizar España o crear una crisis duradera habría intentado mantener a la multitud dentro. Aquí ocurrió lo contrario: la promesa se deshizo y la invasión se deshizo con ella.
Para entender cómo puede suceder algo así, conviene recordar qué hacen las multitudes cuando reciben un mensaje sencillo que les asegura que una frontera se ha abierto.
El precedente más famoso es anterior a internet. El 9 de noviembre de 1989, Günter Schabowski, portavoz del régimen de Alemania Oriental, anunció confusamente una nueva regulación sobre los viajes al extranjero. Cuando le preguntaron cuándo entraba en vigor, respondió: «Inmediatamente, sin demora». En pocas horas, miles de berlineses se presentaron ante los controles fronterizos. Los guardias, sin instrucciones claras y desbordados, terminaron abriendo las barreras. El Muro cayó aquella misma noche.
La caída del Muro tuvo causas políticas y sociales mucho más profundas. Pero una información administrativa mal comunicada sincronizó a una ciudad entera. La multitud convirtió en realidad la apertura que creía que ya había sido decretada.
En septiembre de 2015, miles de refugiados bloqueados en Budapest comenzaron a caminar por la autopista hacia Austria, convencidos de que Alemania acabaría admitiéndolos. El Gobierno húngaro, sobrepasado por el movimiento, envió autobuses y Austria y Alemania terminaron permitiendo el paso. La expectativa de que la frontera se abriría contribuyó a producir su apertura efectiva.
En 2021, más de 10.000 migrantes, principalmente haitianos, se concentraron bajo un puente en Del Río, Texas. Muchos habían seguido instrucciones difundidas por WhatsApp para llegar hasta allí y evitar los controles mexicanos. No existió un gran organizador central. Miles de personas recibieron mensajes parecidos, observaron que otros avanzaban y tomaron la misma decisión.
El mecanismo es reconocible: una oportunidad fácil de comprender, un rumor verosímil, las imágenes de los primeros que lo consiguen y una multitud que empieza a moverse. Cada persona cree actuar por su cuenta, pero todas llevan en el bolsillo el mismo mensaje, el mismo mapa y la misma promesa.
Ceuta encaja con extraordinaria precisión en ese patrón.
Una sentencia del Tribunal Supremo del 29 de junio limitó la aplicación del rechazo inmediato en frontera a quienes llegan por mar sin superar un elemento físico de contención. La sentencia no concedía residencia, no impedía una devolución posterior ni abría una vía hacia la Península. Exigía seguir el procedimiento ordinario.
Pero el derecho viaja mal por TikTok.
En las redes sociales marroquíes, el matiz jurídico se convirtió en un mensaje mucho más sencillo: España ha abierto la frontera; si llegas nadando, no pueden devolverte. Circularon vídeos, mapas, consejos sobre rutas y material para el cruce. Las imágenes de los primeros que alcanzaban la playa dejaron de parecer un rumor y empezaron a funcionar como una demostración: si ellos habían entrado, cualquiera podía entrar.
En cuestión de horas, la información falsa se convirtió en un hecho verdadero a medias. España no había abierto jurídicamente la frontera, pero la multitud la abrió físicamente.
Fue una invasión. Pero una invasión no necesita necesariamente generales, órdenes escritas o una cadena de mando. También puede nacer de miles de personas que reciben simultáneamente la misma señal y descubren que las fuerzas que protegen la frontera no pueden contenerlas a todas.
Hay además un contraste histórico que debilita la teoría de una marcha nacionalista organizada por Marruecos para reivindicar Ceuta.
Sabemos perfectamente cómo se presenta una operación de masas dirigida por el Estado marroquí porque Marruecos ya organizó una. En 1975, Hassan II convocó a unos 350.000 civiles para avanzar hacia el Sáhara español. La Marcha Verde partió de una llamada pública del rey y fue una movilización nacional cuidadosamente identificada con banderas marroquíes, ejemplares del Corán, fotografías del monarca, autobuses, alimentos y una logística de Estado.
En Ceuta no vimos nada parecido. No hubo una convocatoria pública, una dirección reconocible, una simbología nacional coordinada ni una reclamación territorial común. En las imágenes casi no aparecían banderas marroquíes ni camisetas de la selección nacional. Se veían, en cambio, jóvenes saltando la valla con camisetas de Messi.
Quien marcha para conquistar un territorio lleva la bandera de su país. Quien cruza buscando otra vida lleva la camiseta de su ídolo.
Anoche pude observar en directo la segunda mitad del fenómeno. En Horizonte, el programa de Iker Jiménez en el que colaboro, las cámaras mostraban cómo centenares de personas llegaban a Ceuta y, al poco tiempo, emprendían el camino de vuelta.
Esas imágenes fueron las que me hicieron pensar en esta teoría. La misma estructura digital que había creado el efecto llamada empezó a generar un efecto retorno. Los que ya habían entrado escribían a sus amigos y familiares para decirles que no fueran. La promesa era falsa. Ceuta no era la antesala de Madrid ni de Barcelona. Era una ciudad desbordada, militarizada y sin capacidad para alimentarlos o alojarlos.
El despliegue del Ejército, la recuperación del control fronterizo y la colaboración marroquí para las repatriaciones fueron esenciales. Pero también lo fue la información enviada por los propios participantes. Los vídeos que primero decían «se puede entrar» fueron sustituidos por mensajes que decían «no vengáis».
Queda el problema gravísimo de quienes no han regresado, especialmente los menores no acompañados. Pero la retirada de la inmensa mayoría en tan poco tiempo es difícil de conciliar con una operación nacionalista diseñada para ocupar la ciudad.
La explicación viral tampoco significa que el movimiento careciera de causas profundas. Un rumor solo prende cuando encuentra combustible. Y en Marruecos, el combustible es una generación entera que contempla España desde el teléfono y compara su vida con la que podría tener al otro lado.
Los datos permiten medir esa diferencia.
A primera vista, el paro general no parece tan distinto: en el segundo trimestre de 2026, la tasa española fue del 9,87%, mientras que Marruecos registró un 10,8% en el primero. La fractura aparece al mirar a los jóvenes y, sobre todo, los salarios.
En Marruecos, el paro estricto entre los 15 y los 24 años alcanza el 29,2%. Cuando se añaden el subempleo y los jóvenes que quieren trabajar pero han dejado de buscar o no están disponibles de inmediato, la infrautilización laboral juvenil llega al 45,3%. En España el paro juvenil sigue siendo escandalosamente alto, alrededor del 24%, pero las perspectivas salariales son radicalmente distintas.
En España, el último salario mediano mensual disponible es de 2.001 euros brutos y el salario medio, de 2.386. En el sector privado formal marroquí, la Seguridad Social registró en 2025 un salario mediano de 3.363 dirhams y uno medio de 6.149: aproximadamente 313 y 573 euros al mes al cambio actual.
La comparación no es perfecta. Los universos estadísticos no son idénticos, una parte muy importante del empleo marroquí es informal y el coste de vida es menor. Pero la magnitud es innegable: la mediana salarial española es casi seis veces la marroquí y el salario medio es más de cuatro veces superior.
Para un joven que vive en Tetuán, Castillejos, Rabat o Casablanca, España no está solamente en otro país. Está en su teléfono. Allí ve a familiares y conocidos que trabajan por salarios que en Marruecos parecen extraordinarios, consumen productos europeos y disfrutan de una sanidad, una educación y una protección social mucho más amplias.
Conviene no caricaturizar este último punto. Un inmigrante irregular recién llegado no puede desembarcar en Ceuta y empezar a cobrar el ingreso mínimo vital: para acceder a él se exige, salvo excepciones, haber residido legal y efectivamente en España durante al menos un año.
Pero el incentivo migratorio no depende de que cada joven conozca correctamente la legislación española. Depende de la comparación entre dos trayectorias vitales. Quien logra permanecer, regularizarse y entrar en el mercado laboral puede terminar ganando varias veces más que en Marruecos y quedar protegido por un Estado del bienestar mucho más generoso.
El socialismo español sobra como organizador de la invasión. Aparece, en cambio, como parte del imán. No porque Pedro Sánchez haya convocado a nadie, sino porque las regularizaciones, las oportunidades de integración y el Estado del bienestar alimentan la expectativa de que entrar hoy puede permitir quedarse mañana.
La chispa fue una sentencia mal entendida. La pólvora eran los salarios, el paro juvenil y la ausencia de horizontes. Las redes sociales hicieron detonar todo al mismo tiempo.
Marruecos, sin embargo, no queda exonerado.
Un Estado que normalmente puede interceptar a pequeños grupos de nadadores y que durante unas horas permite que decenas de miles alcancen la frontera está tomando una decisión, aunque sea la decisión de no actuar. En 2021, la relajación de los controles marroquíes ya permitió la entrada de miles de personas en Ceuta durante una crisis diplomática con España. Esta vez vuelve a ser legítimo preguntar si Rabat cerró los ojos al principio, reaccionó tarde deliberadamente o decidió dejar que España contemplara durante unas horas lo que sucede cuando Marruecos deja de proteger su frontera norte.
A Rabat le convenía la demostración de poder. El episodio recordó a Madrid que Marruecos puede convertir Ceuta y Melilla en un problema nacional y europeo simplemente reduciendo su cooperación. Esa capacidad es una palanca diplomática formidable.
Pero debemos distinguir cuatro cosas diferentes: organizar, facilitar, tolerar y aprovechar.
Marruecos pudo tolerar la invasión, facilitarla por omisión y aprovecharla políticamente sin haber creado el movimiento inicial. Hasta ahora no han aparecido pruebas públicas de una operación estatal que convocara y dirigiera a las decenas de miles de participantes. Tampoco existen pruebas de las teorías que atribuyen la movilización al Gobierno español, a Estados Unidos o a Israel.
Ningún gobierno puede fabricar de la noche a la mañana el deseo de 50.000 jóvenes de abandonar su país. Puede retirar a los guardias, permitir el avance o dejar una puerta sin vigilancia. Pero para que una multitud se juegue la vida en el mar tiene que existir previamente una desesperación auténtica.
Y esa desesperación también supone una derrota para Marruecos. El país que quiere presentarse como una potencia emergente, socio estratégico de Europa y organizador del Mundial de 2030 junto a España y Portugal apareció ante las cámaras como un lugar del que decenas de miles de jóvenes estaban dispuestos a marcharse nadando.
Por eso España debe exigir a Marruecos resultados fronterizos verificables y vincular a ellos la cooperación económica. Pero responsabilizar a Rabat por no impedir una invasión no es lo mismo que afirmar, sin pruebas, que la planificó.
La lección de Ceuta es más inquietante que una conspiración. Una conspiración tiene dirigentes, comunicaciones y objetivos que pueden descubrirse. Una invasión viral emerge de abajo hacia arriba. Nadie controla por completo el momento en que comienza ni la magnitud que puede alcanzar.
España necesita vallas, Guardia Civil, Ejército y acuerdos efectivos con Marruecos. Pero también necesita detectar los rumores antes de que se conviertan en movimientos de población y responder en las mismas plataformas, en los mismos idiomas y con la misma velocidad con la que se difunde el engaño.
La frontera ya no empieza en el espigón del Tarajal. Empieza en los minutos que transcurren entre el primer bulo y el primer vídeo que parece demostrar que es verdad.
En el siglo XX, una invasión comenzaba con una orden. En el XXI puede comenzar con una notificación.
Última edición por ravilongui; 02/08/2026 a las 18:09
Muy bien expuesto en el artículo.
Una salvedad. Más que tolerarla y facilitarla por omisión, hubo una implicación directa en su gestión. Quien la organizó y a quien favorece, aparte de a Marruecos es otro asunto.
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.Mario Martos y ayer ha sido nombrado por Juanma Moreno delegado de Justicia y Turismo de la Junta de Andalucía en Jaén. Fue el líder del grupo neonazi Hacer Nación que se disolvió en VOX.
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Si es verdad que vox está realizando este tipo de fichajes en la pretemporada, me da que los van a votar su puta madre, por lo menos yo no, hay que ver la cara de subnormal o A normall que tiene el mal pario. Saludos.
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Abril 2026. Cuarenta millones de dólares aprobados por la Cámara de representantes de EE.UU para apoyar la reivindicación de Marruecos de Ceuta y Melilla.
Pag. 88.
https://www.congress.gov/119/crpt/hr...119hrpt631.pdf
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Hay decenas de videos con camiones marroquís cargado de ganado ... digo seres humanos marroquis, hacia la frontera para invadir Ceuta - España.
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