Dando por descontado mi absoluta inoperancia en derecho, me resulta completamente absurdo que pueda existir una inviolabilidad para las actuaciones personales de tipo delictivo realizadas fuera de sus labores constitucionales, así que supongo que tal asunto quedará dilucidado en su momento por mentes más preparadas.
Sinceramente, no veo que tienen que ver los hechos (¡!! Remítase a los Hechos !!!) con el prestigio y la percepción general. Tanto el prestigio como la percepción general tienen características muy mudables y el espesor de una fina lámina de papel cuando se someten al juicio de la historia. Quizás el dilema que más literatura ha generado ha sido entre la conciencia y la reputación, arrojando la triste conclusión de que es mucho más fácil convivir con una mala conciencia que con una mala reputación.
Saludos



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