De poco vale haber comenzado su andadura allá por 1928 y tener mucho rancio abolengo cuando las ventas no van bien. Philips se deshace de su negocio de televisores y, a este paso, no va a ser el único. La compañía holandesa no ha podido hacer frente a la agresiva competencia asiática de marcas como Samsung y LG y tira la toalla antes de que la cosa se ponga peor, como ya hizo en 2006 con su división de móviles.
La cosa ya se veía venir a finales de marzo, cuando Philips comunicó que su línea de negocio de televisores había acusado unas pérdidas de entre 100 y 120 millones de euros sólo en el primer trimestre de 2011.







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