Pero a algunos si al mirar la pantalla no se sienten como si mirasen directamente al sol en pleno verano, ya consideran que la tele es una castaña. Y luego están aquellos que se compran un Mercedes sin saber lo que compran y tras darse cuenta de que no salen con el coche salvo de su casa a la puerta de la esquina, se dan cuenta de que un Smart habría sido más indicado para sus gustos y usos. Hay que informarse sobre que compramos y para que lo vamos a usar, la culpa no es de las pantallas, en muchos casos es más culpa de los propios usuarios de estas.