Si hay una palabra que pueda definir por encima de cualquier otra al gobierno de ZP esa palabra es incompetencia. Se trata de una incompetencia innegable, radical y, sobre todo, peligrosa.
Es la incompetencia de un Moratinos que ha logrado achicar el papel de España en el exterior y, sin embargo, va presumiendo de arreglar el conflicto de Oriente Medio.
Nos toman por el pito del sereno "aliados naturales" como Venezuela, Marruecos y ya, y esto es el colmo, Gibraltar.
Es la incompetencia de un Rubalcaba que está creando un estado policial, pero no por ello ha logrado evitar que las cifras de delitos violentos se incrementen cada año.
Y seguimos sin saber nada del chivatazo a Eta (bar Faisán, hecho gravísimo) o quién se oculta bajo las siglas JAG en el caso Malaya, amén de ser un embustero convulsivo, antiguo portavoz del gobierno artífice de Filesa y el Gal ni tampoco se le ve defender a la policía ni a la Guardia Civil antes las acusaciones de Venezuela de torturar etarras.
Es la incompetencia de una Bibiana Aído que ni siquiera es capaz de decir qué o quién es un ser humano y que continuamente balbucea estúpidas y ramplonas consignas feministas.
A la que no se la ha visto decir ni pío cuando en Marrueco insultan y presionan a mujeres policías
Es la incompetencia de Elena Salgado, verdadera cruz de la economía española que ha logrado poner en peligro las pensiones de los ancianos, el salario de los funcionarios y la pervivencia del estado del bienestar.
Es la incompetencia de Carme Chacón, nacionalista catalana metida a ministra de defensa que mantiene a nuestras FFAA sometidas a una falta de material injusta e injustificable.
Y que se queja de abucheos a la cuestión nacional . Pero, ¿dónde estaba Vd. sino al lado del que se cagaba en la "puta España"? ¿Qué decía Vd. cuando su jefe Zp decía eso de que el concepto de nación es discutido y discutible? ¿Y no tiene nada que decir cuando se impide estudiar en español en algunos sitios?
Es la incompetencia de Ángel Gabilondo que ha condenado a generaciones de españoles a sufrir un sistema educativo tercermundista que nos hará perder puesto tras puesto en el concierto mundial de las naciones.
Artífice del botellón en los jardines de la Autónoma de Madrid antes de ser ministro y que tolere que en algunos sitios de España no se pueda estudiar en español .
Pero, por encima de todas ellas, es la incompetencia indescriptible, inefable e insoportable del hasta ahora ministro de trabajo Celestino Corbacho.
Idiota e imbécil, en el sentido etimológico de ambos términos, Corbacho es el responsable directo y el culpable innegable de que millones de españoles hayan perdido su puesto de trabajo en los últimos tiempos.
Y ahora pretende ir a Cataluña, pues aviados están como le voten vista su nula competencia.
Bien pensado no puede extrañar que así sea porque llegó a ministro no porque tuviera preparación alguna para serlo sino simplemente para cubrir la cuota catalana que en su día permitió a otro famoso incompetente – el bachiller Montilla – ser ministro de industria. Ése y no otro era el mérito de Corbacho, el de permanecer a ese biotipo de charnegos acostumbrados a ser los chupamedias del nacionalismo catalán si es que no a utilizar la lengua en tareas todavía peores. Había que premiarlo por ser obediente al aparato del partido, por carecer de principios, por ser, en última instancia, un inútil total para el desempeño de su cargo lo que ha tenido como consecuencia directa que millones de españoles no sepan cómo alimentar a sus hijos.
Sale del ministerio de trabajo, pero no debería darnos pena. Durante años, ha causado un daño indecible y quizá irreparable a millones de personas; ha cobrado un cuantioso sueldo que no se merecía; se retirará con una pensión de oro que millones de españoles honrados y trabajadores no cobrarán jamás y además parte a ocupar otra nueva poltrona en Cataluña, esa tierra devastada desde hace años por el nacionalismo.