
Iniciado por
jmml
no te he comparado con nadie, no era esa mi intención
he constatado un hecho, la sorprendente coincidencia de expresiones como recipiente humano, (cuando hitler se refería al problema judío, especialmente a su mujeres) pero sobre todo a los derechos se los imponen personas como nosotros que ya estamos desarollados (también de hitler acerca del problema judío y otras subespecies como gitanos y polacos)
esa coincidencia no tiene nada que ver conmigo, excepto por que aún recuerdo con cierta precisión su equivalencia
aclarado lo anterior, y como creo que el tema lo merece, me retrato:
soy ateo, mucho, tan ateo como pueda serlo una piedra o un gusano
no creo en ninguna clase de vida posterior fuera de la que pueda reportar alguna clase de acto memorable, y aún ésta, me parece ridícula por cuanto se encomienda a la memoria de los que permanecen, gente, ya lo sabemos, de lo más desagradecida y voluble
la doctrina de la iglesia, en materia sexual, me parece por lo general rídícula, fuera de lugar y de tiempo, lejos de todo criterio racional (hablo del uso de preservativos, por ejemplo)
por contra, richard dawkins se me antoja un tipo admirable, que escribe maravillosamente y a quien, sólo por el gen egoísta, cabría darle un nóbel, o dos, visto últimamente a quién se lo dan y por cuánto
con él, y con otros, tengo una fe casi irracional en darwin y sus teorías, cuya veracidad al respecto de la especie constato cada día mientras me observo y observo a mis iguales
dicho lo cual, que lo digo para ahorrarme estúpidas contraargumentaciones sobre si me ha comido el cerebro una secta u otras paridas por el estilo, vengo al asunto del hilo:
considero el aborto un crimen, la misma clase de crimen que una sociedad está dispuesta a permitirse para no tener que realizar el esfuerzo de evitarlo
las sociedades humanas, cuando fracasan, asesinan: lo hacen con la guerra, puesto que no consiguen hacer valer dialécticamente sus posturas; lo hacen con la política, con sus depuraciones y sus deportaciones, puesto que rara vez logran adoctrinar sin excepción a todos sus súbditos; lo hacen con la pena de muerte, puesto que no quieren o no están dispuestas a asumir el coste de reeducar al asesino ni a reconocer la parte de culpa que les compete por su conducta; y lo hacen con el aborto, puesto que no quieren o no están dispuestas a sumir el coste educativo que impida llegar a ese extremo o que conceda una salida a quien, pese a todo, ha incurrido en él
las sociedades humanas, en sus peores actos de degeneración e impotencia, buscan cómplices, y así como nadie ve necesario argumentar sobre el carácter moral de los actos de legítima defensa, apelando a la condición subhumana del agresor, de su pérdida de derechos u otra cosa similar y refinada, vemos cómo, en un acto de hipocresía sin igual, se desacredita al feto por eso, porque no ha nacido o porque no sabe la tabla de multiplicar o porque, en el colmo de la paranoia, un ventrudo sicario del gobierno de turno, ejecutor de leyes dictadas por otro obsceno tripudo, este electo, le ha ortorgado carta de naturaleza con un sello y un asqueroso eructo tras el desayuno
¿pero qué clase de argumento es el que apela a la indefensión para negar el derecho a la vida?; ¿que no es viable un feto...?, ¿y lo es un recién nacido sin la ayuda de terceros?, ¿lo somos la mayoría de nosotros sin el grupo que nos ampara?, ¿lo es un tetrapléjico?
¿qué clase de argumento es aquél que establece un límite biológico en la condición humana?; nuestro nicho biológico es la inteligencia, ¿no se podrá entonces, y con más razón, establecer un baremo intelectual para conceder esa condición?; si hasta las veintidós semanas el feto no es hombre, ¿que cociente intelectual deberemos exigir para lo mismo?
¿qué clase de argumento es aquél que, incluso por encima del sentido común o de la conciencia propia, fija en la ley la verdad suprema?; ¿fue justa entonces la esclavitud, lo fue la muerte dictada por los sátrapas, lo fueron los crímenes de estado, las violaciones, los genocidios?, les asistía la ley, fue escrita para eso
el aborto es un crimen, un asesinato cruel y miserable perpetrado sobre el ser más indefenso que existe; y nuestro empeño por buscarle legitimación moral y jurídica no hace sino poner en evidencia la salvaje crueldad de nuestra conducta, de nuestra indigencia ética, de nuestra barbarie
somos la peor de las bestias, la más maligna, la más dañina, la más indiferente hacia el daño que hace y que se hace, y la más repugante por cuanto, frente a las manos manchadas de sangre, elaboramos toda una sarta de teorías sobre lo que es o no es, y sobre los supuestos derechos que asisten a quien ni siquiera sabe lo que tiene entre las piernas
el aborto es un crimen, y si las sociedades humanas quieren y soportan organizarse de modo que eso les sea indiferente, que lo hagan, pero que no se busquen coartadas; cada vez que lo hacen, cada vez que una nueva disculpa legal aparece en sus códigos, cada vez que una excepción se convierte en categoría, más evidente se hace su podredumbre y su impotencia
propicios